Unos mil testigos de Jehová dijeron no a la mili entre los años 1954 y 1977. Gracias a su inquebrantable postura consiguieron evitar el servicio militar, contrario a sus creencias, pero no las cárceles. Sus condenas por desobediencia y sedición sumaron décadas. En prisión sufrieron palizas, vejaciones y tratos degradantes de los guardias y reos comunes, pero también se casaron e iniciaron prósperos negocios de joyería, pintura o relojería con sus ventas fuera del penal. Esta es la historia de los primeros objetores de conciencia españoles.

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