Una de las ventajas que tienen los vasitos es precisamente el juego que da el formato de cara a seducir al comensal. Aprovechemos la superficie transparente para lucirnos con los ingredientes, y qué mejor para hacerlo que montar el picoteo a base de capas. Así se muestra el contenido de un vistazo y hace que sean más irresistibles de comer.

Con las ensaladas y recetas afines es una técnica fácil para poner en práctica. El tamaño de los vasos o copas puede variar según el plato o lo abundantes que queramos que sean las raciones, así que solo tenéis que adaptarlas al recipiente escogido. Buenos ejemplos son la ensalada de langostinos, rúcula y papaya, fresquísima y muy ligera, o la versión moderna de la ensalada de San Isidro, simple pero sabrosísima, si empleamos buenos ingredientes.

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