Comparando la partición con “una despedida apresurada en la que no puedes decir todo lo que sientes”, Milan, un checo casado con una eslovaca, cree que "En España no deberían tomar a la ligera la independencia de Cataluña; sería irreversible y no creo que fuese bueno para nadie más que para los políticos. La “revolución de terciopelo” duró poco pero fue una revolución. Y el divorcio de terciopelo” fue incruento, pero al fin y al cabo fue un divorcio.”

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