En agosto de 1935, un suceso que ha pasado casi de puntillas pudo haber cambiado el rumbo de los acontecimientos que, por desgracia, se iban a precipitar un año después. En aquel verano previo al 36, el entonces jefe del Estado Mayor Central salió ileso de un accidente de circulación. De ello quedó constancia en algunos telegramas y en una columna publicada en prensa. Después, nada. Se trataba del general Franco y de su esposa, Carmen Polo.

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