Desde el interior de la sala de control incrustada en las rocas a casi un kilómetro de profundidad, Mika Persson puede ver los robots en marcha que supuestamente vienen a quitarle su trabajo en la mina de New Boliden. No tiene ningún problema con eso. “En realidad, no estoy preocupado”, confesó. “Hay tantos trabajos en esta mina que, incluso si desapareciera este trabajo, nos darán otro. La empresa nos protegerá”. El sistema de asistencia social de Suecia, famoso por su generosidad, hace que en este lugar no se preocupen por la automatización.

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