El veto sobre el cine databa de la década de los 80 y fue impulsado por la presión islamista. Esta proyección se debe a un esfuerzo del principe heredero para diversificar la economía, dependiente del petróleo, y para proporcionar más entretenimiento a una población caracterizada por su juventud: la mitad no tiene más de 25 años. El plan del gobierno es que para el año 2030 existan 300 cines.

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