Si se combinan los factores suficientes se pueden catalizar reacciones catastróficas. Episodios que se incorporan al imaginario colectivo y se perfunden, como la sangre entre las vísceras, amamantando nuestros miedos ancestrales e imbricando con ellos muchos pasajes de nuestra historia. Como si de vez en cuando el Apocalipsis hiciera ensayos recordándonos su vigor. Eso fue lo que sucedió en los años treinta en el corazón mismo de los Estados Unidos de América.

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