Un pequeño corte de la vía, que no debía superar las semanas de duración, ha terminado afectando a 180.000 que viven ‘desconectadas’ de la capital. La estación de tren de Aranda del Duero está desierta. Cerrada al público desde 2015, sus vías eran el cauce que seguían los vagones que desde Madrid iban al norte y luego se esparcían por el resto de Europa. Pero el goteo de mercancías cesó en 2010, cuando se bajó la última barrera. Ese año se produjo un descarrilamiento sin consecuencias que obligó a cubrir el trayecto con un autobús sustitutorio.

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