La Agencia Tributaria ha descubierto que el Banco Popular tejió presuntamente una red de sociedades instrumentales radicada en Luxemburgo para ocultar su verdadera situación contable a accionistas y clientes. La entidad habría concedido préstamos y líneas de crédito a mercantiles ficticias administradas por testaferros para que estos canalizaran los fondos hacia empresas en dificultades que ya debían grandes sumas de dinero al banco. De ese modo, la dirección del Popular evitó que las compañías entraran en causa de disolución y que, por tanto,

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