Unos doscientos mercenarios rusos habrían fallecido en Siria la semana pasada en lo que podría ser la batalla más sangrienta entre contingentes rusos y americanos desde el final de la Guerra Fría. Los mercenarios rusos trataron de tomar al asalto con infantería una base militar norteamericana y un pozo petrolífero en la región de Deir al-Zour. El Secretario de la Defensa, James Mattis, ha calificado el asalto como "confuso"; mientras tanto las cifras de víctimas suben, los heridos son tratados en hospitales de Moscú y San Petersburgo.

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