Aumenta la pobreza energética en nuestro país, independientemente del indicador o la definición que se escoja. Hay más familias que no pueden climatizar su hogar a una temperatura adecuada, más familias que tienen que elegir entre comprar comida o pagar un recibo de la luz, y más familias que viven con la angustia de la amenaza del corte. Y tras él, las velas, el frío y el aislamiento social. La pobreza energética no está resuelta ni de lejos.

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