El sargento de la Armada actuó con sigilo. Arrojó varias herramientas en la transmisión del buque para inutilizar los engranajes y después se deshizo del disco duro de las cámaras de seguridad. Este particular sabotaje tenía un objetivo: librarse de su participación en la operación Atalanta, en las aguas del Índico que bañan la costa de Somalia, de lucha contra la piratería. Era uno de los 106 efectivos elegidos para participar en la misión. En la zona se habían registrado incontables episodios violentos, como el secuestro del atunero Alakrana.

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