Napoléo creó un concurso público en 1800 para premiar el mejor método de conservación de alimentos, destinado a equipar al ejército y facilitar no sólo su aprovisionamiento (un problema que se revelaría sangrante durante la retirada de Rusia, en que las raciones de sus soldados sólo aguantaban tres semanas y no había otras opciones al practicar el enemigo la táctica de tierra quemada) sino también prevenir la aparición del escorbuto. El Primer Cónsul ofrecía doce mil francos de premio. El ganador fue un confitero llamado Nicolas Appert.

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