Las acusaciones apuntan en una dirección: una mujer puede sufrir violencia sexual aunque antes haya consentido un beso, aunque no se haya resistido duramente o aunque no haya habido violencia extrema. Era la primera vez que los acusados se enfrentaban a la mirada ajena. Lo hicieron serios pero con descaro, escrutando a los periodistas que entraban en la sala. La fiscal les acusa de "ignorancia deliberada": "Como sé que va a decir que no, no pregunto"

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