En 1819, el Salón de París se vio sacudido por el enorme óleo de un joven y desconocido pintor. Un cuadro de gran formato, que nadie parecía haber encargado, se convirtió súbitamente en la gran atracción de la exposición pictórica más importante del mundo. La desesperación que emanaba del óleo de Théodore Géricault, se convirtió inmediatamente en paradigma de un nuevo movimiento artístico, el Romanticismo. El tiempo, sin embargo, ha ido desdibujando la dramática historia de La balsa de la Medusa.

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