Nos está cayendo la del pulpo, o eso parece. Esta semana, un ejecutivo holandés nos ha sacado los colores en uno de los artículos más polémicos de los últimos tiempos. La reacción, como ocurrió con aquel artículo de ‘The Times’, suele ser siempre la misma. Se meten con nosotros, nos indignamos furiosamente, concedemos que tienen razón en la mayor parte de argumentos y lo compartimos con nuestros amigos que repiten el mismo ciclo. Ha ocurrido a menudo desde la crisis del euro, cuando las economías del sur de Europa (Portugal, Grecia y nosotros)

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