La historia la contaba Kelly Cobey en una pasada columna para Nature: un colega investigador, ya con tablas y algunas canas, había caído en uno de los más extraños, peligrosos y agresivos timos del mundo científico. Aunque esta estafa lleva bebiendo de las sangres del “publica o muere” muchos años ya, parece que es capaz de atrapar hasta al más experimentado de los investigadores.

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