"La política parece haber gozado del privilegio de que ninguna alternativa radical era posible y por eso no tenía incentivos para espabilar. Pero esto ya no es así. Las sacudidas de diverso tipo que ha sufrido nuestro espacio público en los últimos años (desde el surgimiento de las llamadas democracias iliberales hasta la elección de líderes siniestros) son señales de disfuncionalidad e incluso de desesperación que el sistema político debe interpretar adecuadamente. "

Ver noticia original ➥