Un gentío enorme se arremolina en torno una cosa pequeña, de aletas cortitas y mirada perdida. Esperan pacientemente a que el anterior termine su turno, sobando y manoseando al pequeño cetáceo. Lo dejan en el suelo, lo toman de nuevo, lo vuelven a dejar. Así hasta que comienzan las fotos. Todas y cada una de las personas, más de una docena, quieren su selfi con la cría de delfín.

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