Es una certeza visceral e innegociable, una de las pocas que poseo: la supervivencia de las personas no puede depender de su acceso a un empleo. No es solo una premisa, es una constatación: trabajar no le alcanza a tanta gente para ganarse el derecho a una vida digna. Becarios perpetuos. Mujeres que se echan a la espalda el trabajo reproductivo. Comerciales a comisión. Jornaleros. Camareras de piso. Trabajar no basta para sobrevivir. Y tantos viven la gran vida dejando que su capital trabaje por ellos…

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