El Gobierno va un paso más allá en su estrategia de reducir las emisiones contaminantes del envejecido parque móvil español. Ante las inminentes multas europeas por superar de forma reiterada los límites de emisiones de óxidos de nitrógeno en grandes ciudades como Madrid o Barcelona, la DGT ha decidido atajar el problema de raíz. A partir del 28 de diciembre de 2018 los coches diésel y gasolina más contaminantes recibirán una fulminante etiqueta negra, que obliga a su achatarramiento en dos años.

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