Cabeza del Buey, Badajoz, 1977. Un grupo de vecinos falangistas aparcan un camión junto a una de las puertas del Ayuntamiento. En unos minutos cargan en él los miles de documentos que la Falange local había acumulado durante las cuatro décadas de dictadura y, poco después, desaparecen para siempre. Vicente Serrano trabajaba en el consistorio y asistió impotente al robo de toda aquella documentación. Una acción que no se realizó clandestinamente, sino con total normalidad y a plena luz del día.

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