La invasión turca de Afrin debería sacar a la izquierda internacional a las calles de todas las capitales importantes. Los manifestantes deberían estar irrumpiendo en Hyde Park con el rojo, blanco, verde y amarillo de la bandera kurda mientras el canto de “¡Todos somos PYD!” llena el aire. Pero no han salido. Las calles están tranquilas, salvo por algunos activistas kurdos, y las muestras de solidaridad son escasas. El eje Moscú-Teherán-Damasco no es un aliado de la izquierda ni ningún movimiento relacionado con la justicia y la igualdad.

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