La velocidad a la que vivimos nuestras vidas ha aumentado vertiginosamente en las últimas décadas. Andamos rápido, comemos rápido, pensamos rápido y consumimos contenidos como si nos hubiera poseído el diablo de la prisa. Es como si la humanidad cogiera velocidad a medida que se desliza por la pendiente del progreso y la civilización.

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