La guerra entonces no se ganaba con enormes batallones, como con los romanos o Napoleón, sino con algo más necesario y preciso que el humano: la maquinaria y los vehículos. Pero para mover esos pesados y potentes motores era preciso un combustible, la gasolina. Alemania e Italia eran, como España, importadores de esa materia. ¿Y quién se lo proporcionó? Los Estados Unidos e Inglaterra. Al estallar el conflicto, los golpistas ya tenían asegurado el suministro que les llegaría a través de la colonia inglesa de Gibraltar y el Portugal de Salazar.

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