El río es víctima de un cúmulo de intereses en distintos puntos de su trascurrir hacia el Mar Atlántico. Es el río más castigado, abandonado y despreciado de los grandes ríos ibéricos. Aunque las presiones que soporta no son muy distintas a las de otras cuencas hidrográficas (desnaturalización de riberas, regulaciones, ausencia de caudales ecológicos, captaciones, vertidos, etc.), las suyas son de tal gravedad que lo convierten en un río amenazado de muerte.

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