El planeta Júpiter es un cuerpo masivo gaseoso, formado principalmente por hidrógeno y helio, que carece de una superficie interior definida.
El hecho es que el Sistema Solar en formación no le aportó de suficiente material para que este planeta aspire a más. Porque de haber logrado atraer más materia en su formación, Júpiter habría comenzado un largo camino como cuerpo estelar. Se hubiera convertido en un segundo Sol. Si Júpiter hubiese logrado acretar de la nube primigenia en la que se formaron todos los planetas unas 13 veces su masa, se habría convertido en uno de los cuerpos celestes más enigmáticos y evasivos: una enana marrón.

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