Todo había empezado 27 años atrás. Asustados y mareados, los soldados de reemplazo que no habían podido pagar las 2.000 pesetas que costaba la exención del servicio pusieron pie en el puerto de Melilla el día 27 de julio de 1909 tras un viaje en ferrocarril y en barco de entre una semana y dos días de duración, cuyos principales puntos intermedios habían sido Barcelona, Madrid o Málaga, los grandes lugares de concentración militar. No tuvieron tiempo de ver la ciudad. Los oficiales los arrearon sin contemplaciones hacia la intrincada

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