Más allá del innegable carácter humanitario de la invitación, el caso del Aquarius representa bien el dilema al que se enfrenta no sólo España, sino toda la Unión Europea: salvar vidas a cambio de generar un incentivo perverso para las muchas mafias que operan desde Libia y que confían en las políticas de rescate para ganar dinero.

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