A día de hoy, este monopolio ejercido por los más poderosos no tiene justificación posible. Debe establecerse un nuevo equilibrio de poderes, distinto al impuesto por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. La paz y la seguridad internacionales pasan por que su garantía sea efectivamente una responsabilidad colectiva. Es inadmisible que un puñado de Estados privilegiados pueda decidir el destino del mundo en función de sus propios intereses políticos, económicos y geoestratégicos.

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