La distribución de pornografía, también la infantil, se está produciendo cada vez con medios más sofisticados y difíciles de investigar. Las mayores dificultades para luchar contra la delincuencia tecnológica son la necesidad de una regulación legal muy precisa y novedosa y el hecho de que debe ser una lucha internacional. La ONU ha intentado en varias ocasiones aprobar una regulación internacional en esta materia. Hubo un intento de convenio en 2010 que no prosperó, pese al "evidente carácter trasnacional de este tipo de delincuencia".

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