Durante las décadas de 1950 y 1960, Meryl Meisler tuvo la clásica adolescencia de una joven el seno de una familia media de Long Island: actividades con las girl Scouts, clases de ballet y claqué y baile de promoción. Pero pese a que sentía un gran amor por su familia y sus amistades, Meisler sentía que no encajaba del todo. Pronto tuvo claro que no quería acabar siendo una buena esposa, profesora, enfermera o secretaria, prácticamente las únicas opciones de futuro que tenían las jóvenes en aquella época.

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