Los mercados financieros nada tienen que ver ni con la generosidad ni con el bienestar social. Son instrumentos de inversiones cuya rentabilidad a corto plazo es directamente proporcional al riesgo de pérdida. Se rigen, única y exclusivamente, por la pura Codicia. En lugar de facilitar mecanismos de inversión en relación a actividades productivas y beneficiosas para la sociedad en su conjunto, se ha creado un gigantesco casino donde la avaricia, la complejidad y la opacidad son sus rasgos más característicos.

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