El viajero español que vuele a Israel o Palestina por medio de las Líneas Aéreas israelíes, no crea que por haber pasado por las estrictas medidas de seguridad del Aeropuerto Adolfo Suárez-Madrid Barajas o del Aeropuerto del Prat de Barcelona, ya puede disfrutar de su vuelo con tranquilidad: individuos más o menos mal encarados de los Servicios de Seguridad de El Al, quizá de Israel, pueden llevarlo a un sótano y allí registrarlo e interrogarlo a sus anchas sin que las autoridades aeroportuarias y policiales españoles digan este súbdito es mío.

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