El lunes fue otro día gris. Otra jornada difícil, con molestias y dolores, como tantos otros antes. Había llevado a sus dos niños a la escuela y de vuelta en casa se recuperaba tumbado en el sofá. Eran alrededor de las 10.00 y sonó el teléfono, una llamada desconocida, de Madrid, “publicidad seguramente”, pensó. Se equivocaba: “¿Señor, Cedillo?, le paso con el señor ministro”. Al otro lado del auricular, Fernando Grande Marlaska, el flamante nuevo titular de Interior, el juez que luchó contra ETA y que aquella simple llamada, aquel gesto,…

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