Para entender lo ocurrido hay que remontarse a la mañana del pasado 26 de marzo, fecha en la que el ex presidente de la Generalitat fue detenido en una gasolinera entre las localidades de Shuby y Jagel, en el estado de Schewig-Holstein (Alemania), a sólo 30 kilómetros de la frontera con Dinamarca. Un exceso de euforia y la necesidad de apuntarse un triunfo, tanto por parte del Gobierno como por parte del CNI, han complicado extraordinariamente la estrategia judicial encaminada a la entrega de Carles Puigdemont.

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