En una mesa, dos chicos, cuya edad no alcanza los 20 años, conversan animadamente. “Ayer, saliendo del Metro, justo delante de mí había un chica increíblemente guapa”, dice uno de los dos. “Ya en la calle”, prosigue, “cuando caminaba detrás de ella, me dio por pensar que podría parecer que la estaba siguiendo. Así que crucé la calle para cambiar de lado. Te parecerá una bobada, pero me agobié. Me produjo angustia caminar detrás de ella”. Su amigo no se lo tomó a broma: “No es ninguna bobada. Nos están volviendo paranoicos a todos”, sentenció.

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