“Esto está cada vez peor: es más desagradable vivir aquí que hasta hace poco tiempo. Vas andando por la calle y parece como si todo el mundo te estuviera mirando: es una sensación rara”. “Lo de la muerte del niño”, subraya con la voz entrecortada vía telefónica, “ha sido muy fuerte”. “Es verdad que no eran narcolanchas, sino embarcaciones de recreo, pero ya está asentado un clima muy raro entre la gente”.

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