Change.org se ha consolidado como la mayor plataforma de peticiones del mundo, sin embargo son muchos los interrogantes que se ciernen sobre ella: ¿cómo confiar en un modelo de firmas que es incapaz siquiera verificar su autenticidad? ¿Cuál es su negocio y de donde obtiene su rendimiento? ¿Cómo considerar una referencia ética a una empresa que se esconde en paraísos fiscales?