"¡Odio a Tintín! ¡Usted no sabe hasta qué punto!" Viniendo de Hergé, resulta desconcertante. Lo soltó en un arrebato. Eran demasiados años soportando las exigencias de ese hijo mimado. Pero, en realidad, el dibujante era un padrazo. Para el cómic europeo por lo menos. Un adelantado, un virtuoso, un genio, un… "Estoy harto de esos elogios, estoy harto de volver a hacer por enésima vez el mismo gag, harto de hacer reír con chistes fáciles, harto de dar lo mejor de mí, mi esencia, mi vida, harto de ser una máquina de hacer historias…".

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