"Es un infierno", me habían advertido. Y nunca antes la descripción de un lugar había sido tan profética. No te queda duda: el Tapón del Darién siempre se queda con algo. Llevamos 12 horas caminando a través de la maraña de este muro vegetal de 575.000 hectáreas que Panamá y Colombia comparten y me doy cuenta, cuando estoy a punto de desfallecer por el cansancio, el calor y la humedad, que si no me levanto y sigo adelante, se va a quedar conmigo. En el siglo XVI se tragó con sus ramas espinosas a los conquicatadores españoles .

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