Isidoro, 90 años, brillante melena cana, rictus serio de quien la vida le ha mostrado más de lo que esperaba, lleva a su familia en el pensamiento. Desde la habitación de su residencia en Torrevieja, a más de 450 kilómetros de distancia de Madrid -la ciudad que le vio ganarse la vida, tener hijos, prosperar-, es todo lo que puede hacer. Este anciano, aquejado de alzhéimer e incapacitado judicialmente, está ingresado en una clínica pública alicantina porque se empadronó en la ciudad. Ya le habían diagnosticado su enfermedad.

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