Después de Pulp Fiction y consagrado como uno de los cineastas más originales de su generación, Quentin Tarantino barajó la posibilidad de llevar a la gran pantalla una de las mejores novelas de Jim Thompson: El asesino dentro de mí. Resultó curioso que el joven realizador se decidiese entonces por adaptar un texto ajeno, teniendo en cuenta que había cimentado buena parte de su éxito en la genialidad de sus propios guiones. El proyecto nunca llegó a concretarse, pero una cosa quedó clara: Tarantino había leído a Jim Thompson.

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