Situada en una montaña en el límite oriental del desierto de Judea y cerca de las orillas del Mar Muerto, la fortaleza de Masada fue el escenario del último capítulo de la Gran Rebelión Judía contra Roma. La fortaleza se había convertido en el último refugio de un grupo de rebeldes, y hasta el año 73 no fue tomada por los romanos. Considerada desde 2001 patrimonio de la humanidad, posee una gran carga simbólica para los nacionalistas judíos, que la ven como uno de los últimos episodios de resistencia nacional antes de la definitiva diáspora.

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