El puritano puro no es tan negativo, represivo y lúgubre como el progresista puro. La nueva mojigatería no sale de vetustas sectas ni de viejas capillas desvaídas; sale de nuevos clubes, ligas y asociaciones de arte y cultura, de novísimas escuelas de ciencia y filantropía. Es una cosa del futuro o, por lo menos, de futuristas que piensan que dominarán en un futuro. Más notable aún, es algo de jóvenes y, lo que resulta todavía más extraordinario, de jóvenes que se consideran libres.

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