La mañana del 26 de octubre, Carles Puigdemont comunicó a Iñigo Urkullu que pensaba disvolver el Parlament. A las dos de la tarde, empezó la marcha atrás. “Tengo una rebelíón; no puedo aguantar” comunicó a Ajuria Enea. El Gobierno central aceptaba frenar el 155, después de su aprobación en el Senado.

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