“La vivienda representa un gasto público de 40.000 millones y cuatro millones de franceses están mal alojados, nuestra política no funciona”. El presidente francés, Emmanuel Macron, justifica con esta visión catastrofista sus reformas neoliberales en el sector inmobiliario. Tras haber sacudido los fundamentos del derecho laboral galo y de la compañía ferroviaria SNCF, Macron ha puesto ahora en jaque el modelo de vivienda social en Francia, uno de los países de la UE con un parque público más importante, junto con Austria y Holanda.

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