Le dolía perderse la final de la Champions, ya que desde que dejó oficialmente de fumar, su único vicio conocido eran los deportes (y el whisky del bueno). No creía el presidente que su presencia en Madrid fuera necesaria, pero le convencieron de que hubiera quedado frívolo aparecer el sábado en el palco del Olímpico de Kiev celebrando goles con una moción de censura en su contra recién presentada. Como Rajoy, ante todo, siempre ha sido un hombre disciplinado, accedió a ver la final por plasma. También a través de una pantalla contemplaría…

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