Miles de activistas, vestidos con mono blanco, corrían campo a través, dejando atrás a la policía alemana, con un mismo objetivo: cerrar, aunque sea por unas horas, la mayor mina de carbón de Europa. Bajo la lluvia, desde primera hora de la mañana, según relata una de las activistas a El Salto, salieron de una estación cercana 4.500 personas convocadas por el movimiento Ende Gelände (Hasta Aquí), que lleva más de dos años denunciando a la empresa RWE, dueña de la mina

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