El pasado 11 de enero entró en vigor la Ley de Bienestar Animal de Galicia. Durante su tramitación fue aplaudida por muchos por prohibir animales salvajes en los circos, pero también criticada por evitar el espinoso asunto de las corridas de toros. Sin embargo, la consecuencia más directa a los tres meses de su estreno no tiene que ver ni con los circos ni con los toros, sino con los perros. Miles de ellos han sido abandonados, muchos más que en años anteriores, como consecuencia de la obligación que se impone a sus dueños de colocarles un chip

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